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La censura no protege. Impone.
En las sociedades actuales, pequeñas minorías activistas y grupos puritanos imponen sus valores morales al resto de la sociedad de forma antidemocrática, utilizando la censura, los algoritmos y la presión social como herramientas de control.
Este ensayo revela los orígenes históricos y antropológicos de este mecanismo ilegítimo de poder, desmonta su hipocresía estructural, denuncia el doble rasero con el que censura el arte y la libertad mientras encubre abusos reales, y muestra cómo se sostiene gracias a la pasividad y complicidad colectiva.
Desde el principio del daño de John Stuart Mill, el autor defiende la necesidad urgente de recuperar la libertad cultural frente a esta tiranía moral de las minorías.
Una muestra del doble rasero de la censura es que Plataformas digitales como Instagram aplican filtros automáticos que censuran obras clásicas —la Venus de Willendorf, cuadros de Rubens, esculturas antiguas o incluso pinturas del siglo XX como las de Imogen Cunningham— mientras que aprueban y distribuyen miles de anuncios pornográficos explícitos (más de 3.300 solo en 2024) a través de su sistema de publicidad pagada, generando millones de impresiones (AI Forensics, 2025; New Scientist, 2025).
Prólogo de este ensayo:
La mayoría de las personas, si se les preguntara directamente, rechazaría la censura. Dirían, con toda sinceridad, que están en contra de que alguien les diga qué pueden ver, leer, decir o crear. Sin embargo, esa misma mayoría acepta hoy, día tras día, que se censuren imágenes, palabras, obras de arte, opiniones o chistes sin apenas protestar. Molesta, sí. Fastidia, también. Pero se calla.
Este es el primer y más eficaz triunfo del mecanismo de control: consigue que sus víctimas colaboren en su propio silenciamiento.
La censura contemporánea no llega casi nunca con tanques ni con leyes explícitas aprobadas por referéndum. Se impone de forma silenciosa, fragmentada y aparentemente razonable: “por el bien de los más vulnerables”, “para evitar ofensas”, “para proteger la democracia”. Se presenta como un acto de cuidado moral cuando, en realidad, es un acto de poder ilegítimo.
Porque ese es el punto central que casi nadie quiere ver: la censura se impone sin la aprobación de la mayoría. Nadie votó por ella. Nadie firmó un contrato social que autorizara a grupos de presión, empresas tecnológicas o instituciones morales a decidir qué es aceptable y qué debe desaparecer. Y sin embargo, ahí está, operando a diario, moldeando lo que podemos expresar y, por tanto, lo que podemos pensar.
Este libro parte de esa contradicción incómoda: la gente sabe que la censura le molesta, pero no termina de entender que es, por naturaleza, antidemocrática. No es un detalle técnico ni un exceso puntual. Es un mecanismo de poder que funciona precisamente porque se oculta detrás de buenas intenciones y porque sus víctimas, cansadas o distraídas, terminan normalizándolo.
A lo largo de estas páginas exploraremos los orígenes históricos y antropológicos de ese impulso censor, la sociología de los grupos que lo impulsan hoy, sus hipocresías más flagrantes y las consecuencias profundas que tiene sobre la libertad, el arte y la propia democracia.
No se trata de defender lo indefendible ni de negar que ciertas expresiones puedan ser hirientes. Se trata de algo más básico y radical: recuperar la conciencia de que ningún poder tiene derecho legítimo a decidir por todos lo que todos podemos ver, decir o imaginar.
Porque cuando permitimos que otros censuren en nuestro nombre, aunque sea “solo un poco” y “por una buena causa”, estamos renunciando a algo mucho más grande que una imagen o una palabra: estamos renunciando a la posibilidad misma de ser ciudadanos libres.

Notificacion de Meta por el que rechazan el anuncio de mi ensayo sobre la censura.
La política trata fundamentalmente de las relaciones de poder de los individuos en una sociedad, y el imperialismo es una forma de imponer los intereses de unos individuos sobre otros a nivel internacional.
Aunque la palabra terrorismo tiene muchas acepciones dependiendo del contexto en que se use, todas las acepciones de esta palabra tienen en común que se refieren al uso sistemático del terror para conseguir los objetivos de quienes lo promueven. Obviamente el terror es causado por actos de violencia que puede ser física o psíquica.
Una vez aclarados someramente estos tres conceptos, vamos a abordar el caso concreto de la relación entre imperialismo, terrorismo y política, cuando el terror se ejerce por parte de individuos que tienen poder en la administración de un Estado que pretende dominar a otros. Cuando un individuo o grupo de individuos intentan imponer sus intereses en la sociedad por medio del terror, y lo hacen desde una posición de la administración del Estado, estamos ante una situación especial de terrorismo en política, concretamente si los objetivos perseguidos por medio del terror pretenden mantener en el poder a organizaciones criminales de forma duradera. Las razones de uso del terror son, entre otras, eludir las repercusiones legales de los actos de los individuos implicados en política que pudiesen acarrear penas de prisión. Así se consigue que los ciudadanos tengan miedo de actuar libremente y se coacciona a las sociedades parasitadas por el imperialismo, porque temen las represalias de criminales en la administración del Estado que amenazan sistemáticamente la integridad de quienes se oponen a sus intereses. Esta es la principal diferencia con otros tipos de terrorismo que, sin pretender un control del Estado, tienen otros objetivos como extorsionar gobiernos para conseguir dinero, llamar la atención para una causa, etc.
El terror es una sensación de miedo intenso que experimenta una persona ante una amenaza seria que no necesariamente debe suponer un daño físico, como la exposición a artefactos explosivos, armas de cualquier tipo, etc. sino que también puede ser una amenaza a la integridad, como por ejemplo penas de cárcel, acosos sistemáticos, pérdida de empleo, etc.
Algunos ejemplos los tenemos en España con el Opus Dei, una secta, lobby y organización criminal que opera con total impunidad gracias a la actuación de sus socios en el Poder Judicial, Ministerio Fiscal, Fuerzas Armadas, Administración del Estado, Bancos, etc. y que por medio de su partido político el PP se ha mantenido en el poder legislativo, llegando incluso a imponer leyes ilícitas como la Ley Mordaza, a pesar de haberse demostrado que es una organización criminal. La mejor prueba del terror que impone a la sociedad esta secta para conseguir su impunidad permanente, es el silencio de los medios informativos sobre el Opus Dei a pesar del grave perjuicio que ha causado y sigue causando en España.
En mi opinión, no es correcto llamar terrorismo de Estado al terrorismo ejercido por miembros de organizaciones criminales que usurpan puestos en el Estado, porque en tal caso es el Estado la primera víctima de estas organizaciones que buscan el poder del Estado para, lucrarse, delinquir con impunidad y castigar con apariencias de legalidad (Montesquieu) a sus oponentes. Pero con frecuencia se confunde al Estado con los delincuentes que usan el poder del Estado con fines ilícitos. Es importante comprender la diferencia y en especial cuando se trata de un Estado de Derecho, porque si el Estado de Derecho es un poder que controla una sociedad (incluidos los que administran los poderes del Estado) por medio de unas normas (leyes) los que administran el Estado serían castigados por el Estado si no fuesen fieles a las leyes. Pero esto no ocurre si los responsables de administrar el poder del Estado pertenecen a organizaciones criminales.
A nivel internacional podemos ver como ejemplo el terrorismo que han ejercido los lobbies que controlan el poder en Washington en países como Irak, Vietnam, Chile, etc. y como se ha usado el terror sistemáticamente con quienes se han atrevido a denunciarlos como ha ocurrido con Julian Assange, quien sin ser víctima de agresiones físicas ha sido víctima de una situación de violencia psíquica extrema durante años. El periodista Gary Webb y otros tantos ejemplos dan una idea de como el terror y asesinatos selectivos (Olof Palme, Carrero Blanco, Salvador Allende, etc.) han causado esa depuración en los medios informativos y políticos occidentales por la cual se condena a los opositores a Washington (Rusia, Irán, China, etc.) pero no cuestiona los graves crímenes cometidos sistemáticamente por esas organizaciones terroristas que dirigen la OTAN. Las llamadas “revoluciones de color” son operaciones terroristas gravísimas que en el mejor de los casos provocan sangrientas caídas de gobiernos, y en el peor de los casos provocan guerras que paga la población civil con matanzas de inocentes o con forzosos exilios para eludir la muerte. Pero los medios occidentales no cuestionan estas prácticas, sino que las presentan como una reacción del pueblo que lucha por la “libertad”.
Definitivamente, el terrorismo es un medio que ayuda a mantener en el poder político de occidente a políticos sumisos a los intereses del imperialismo de Washington y la mejor prueba de esto es que los gobiernos occidentales, especialmente los europeos, sacrifican los intereses de las sociedades a las que supuestamente representan en beneficio de las mafias que controlan EE.UU. Por esta razón la sociedad es víctima de organizaciones terroristas que utilizan el poder del Estado para aterrorizar a los ciudadanos que cuestionan sus actos, y mediante el control de los medios de comunicación se permite demonizar a sus opositores para así justificar con “apariencias de legalidad” sus castigos. No deja de sorprender que los terroristas utilicen para justificar su violencia palabras como libertad, democracia y justicia.
Yugoslavia es uno de tantos ejemplos de qué significa el terror causado por el imperialismo:
Se recomienda ver el vídeo de esta página de DW sobre los usos conocidos en el actualidad de las neurociencias y los riesgos que guardan los avances en estas tecnologías.
https://www.dw.com/es/qu%C3%A9-riesgos-tienen-las-interfaces-cerebro-computadora/av-59505042

La mentira se ha usado como arma de guerra desde la antigüedad. Ya lo decía el dramaturgo griego Esquilo hace 2500 años: “La verdad es la primera víctima de la guerra”.
A lo largo de la historia se ha usado la mentira para justificar o incentivar actos bélicos que de otra forma no tendrían el respaldo suficiente. Un ejemplo lo tenemos con las cruzadas, en las que con la frase “Dios lo quiere” se arrastraron masas a unas guerras religiosas que duraron buena parte de la Baja Edad Media. Pero también se ha usado la mentira con el propósito de inducir al enemigo a errores tácticos que pudiesen conducir a su derrota o bien causar daño.
Tras la Revolución francesa de 1789, quienes tenían el poder en occidente comprendieron mejor la utilidad de tener el respaldo social para emprender una acción bélica, un tema que no preocupaba especialmente a las monarquías absolutistas. De esta forma podemos ver ejemplos en el siglo XIX con la guerra hispano-estadounidense, donde los americanos se tomaron la molestia de crear un atentado de falsa bandera para justificar la guerra contra una España que no tenía medios para hacer frente a la gran potencia emergente. Aunque se cuestionase si realmente el hundimiento del Maine fue un atentado o no, es absurdo pensar que un país débil pudiese provocar sin motivo a una potencia muy superior. Lo que está claro es que esto sirvió para agitar descaradamente a la opinión pública estadounidense en favor de la guerra contra España.
Pocos años más tarde, en 1914 Londres logró convencer a su población de que Alemania violaba masivamente a las mujeres belgas y que los británicos estaban en la obligación de ayudar a aquellas pobres mujeres, cuando la razón real del interés del Imperio británico en la guerra era impedir la expansión alemana que amenazaba sus intereses. Con la Alemania nazi tenemos otro ejemplo de como mediante el control de los medios de comunicación se puede agitar a la mayoría de la población en favor de la guerra y acallar a la oposición y a toda reacción social en contra.
Después de la segunda guerra mundial tenemos muchos más ejemplos de como mediante mentiras se han intentado justificar guerras como en el caso de Vietnam, Irak, etc. La lista sería muy larga, pero no deja de sorprender, como el imperialismo americano ha cometido tantos crímenes de guerra con total impunidad sin que los medios occidentales hayan cuestionado estos abusos, no al menos como lo están haciendo contra Rusia en relación con el conflicto bélico en Ucrania. Por el contrario, se ha perseguido y castigado a quienes han denunciado sus gravísimos crímenes como ha ocurrido con Julian Assange, que aunque demostró de forma fehaciente la veracidad de sus graves denuncias contra Washington, ningún gobierno que hoy muestra tan fervorosa solidaridad con Ucrania reacciona ante la impunidad de Estados Unidos.
Llama la atención que los activistas pro-Washington se caractericen por quemar viva a la gente en nombre de la “democracia” o la “libertad” u otros pretextos como ha ocurrido en Venezuela, o que promuevan golpes de estado y que los medios occidentales apoyen sin embargo a los opositores de los gobiernos legítimos de países que se muestran contrarios a los intereses de Washington.
En España concretamente, se hizo patente que los gobiernos y los medios masivos son serviles a los intereses de EE. UU. Fue descarado el engaño de Javier Solana siendo ministro del PSOE prometiendo y asegurando repetidamente que España no entraría en la OTAN, cuando años más tarde se demostró no solo que mentía, sino que además llegó a ser secretario general de la OTAN. Es evidente que los gobiernos que ha tenido España en lo que lleva de democracia, sean de “izquierdas” o de derechas, han sido serviles e incondicionales a los intereses de Washington. España ha sido víctima de una guerra de desinformación, donde la mentira ha sido un factor indispensable para conseguir sin grandes costes militares una victoria del Imperio de EE. UU. Así las cosas, España aporta grandes sumas de dinero y recursos para mantener el poderío militar americano en Occidente, o donde lo necesiten, sin que la sociedad española lo pueda impedir, a pesar de tener una deuda pública ya impagable desde hace años, causada por una corrupción que es amparada por un poder judicial donde algunos de sus miembros se acogen a amnistías fiscales después de haber sido descubiertos como delincuentes económicos con cuentas en paraísos fiscales.
En la actual guerra de Ucrania hay actores que tienen mucho que ganar y otros mucho que perder, pero podemos encuadrarlos en dos bandos, Washington (la OTAN y sus afines) y Rusia. Aunque Rusia aparece como el único agresor en este conflicto, no se menciona el golpe de estado de 2014 (revolución de color) que dio el poder a un gobierno pro-OTAN cuyos defensores no dudaron en asesinar a sus oponentes al igual que se ocultan las otras revoluciones de colores que están desestabilizando gobiernos a costa de causar guerras que afectan a la población civil, obligando a miles de familias a buscar refugio en otros países, o las matanzas del ejército ucraniano en Donbáss.
La guerra de Ucrania no debiera de existir, pero algo la ha causado y, desgraciadamente, si recordamos la historia, podríamos encontrar cierto parecido de la situación actual con la frase de Catón el Viejo “Carthago delenda est” (Cartago debe de ser destruida) y que se enunciaba ante la necesidad que tenía Roma de destruir a su rival Cartago en su lucha por el dominio del comercio en el Mediterráneo. En este caso, el Imperio americano contra la emergente Rusia.

Göran Lindberg es un jurista sueco que tuvo importantes cargos en la policía como jefe de policía, rector de academia de policía nacional sueca (1989–1997) y jefe superior de policía de toda la provincia de Uppsala (1997–2006).
A causa de las numerosas denuncias de ciudadanos por el maltrato que recibían de la policía, la Fiscalía le llamó la atención a la autoridad policial y esto animó a G. Lindberg a tomar la iniciativa de un proyecto para capacitar a la policía en el trato con los ciudadanos. En 2003 el proyecto se materializó en la enseñanza de todo el personal de policía en materia de competencia en el trato con la ciudadanía. También fue responsable del proyecto de la Unión Europea Genderforce para aumentar la igualdad de género entre otras cosas.
Es evidente que la lucha de Göran Lindberg le proporcionó muchos enemigos. Cuando fue condenado entre otros delitos por violación y comprar sexo, lo único que él reconoció haber hecho es haber comprado sexo, pero nada más. Además, se le acusó de pedofilia, pero no se le condenó por esto a falta de pruebas, pero el daño quedó ahí. Fueron las conmovedoras declaraciones de las presuntas víctimas las pruebas de peso que le condenaron. En Suecia es un delito comprar sexo desde 1999.
Por poner un ejemplo de una víctima: Se trata de una chica que supuestamente fue violada en una habitación en una sala de conferencias en la localidad de Täby. Según la sentencia, la chica fue sometida durante un periodo largo de tiempo a sádica violencia sexual. Cuesta creer que en una sala de conferencias donde suele haber empleados y gente, pudiese ser torturada y violada una mujer sin que nadie avisase a la policía inmediatamente. De esta forma habría que aceptar que una chica pudiese ser víctima de tan crueles tratos sin dar un solo grito, cuando lo que cabe esperar como razonable es aceptar que alarmase a toda la comunidad a causa de prolongados y despavoridos gritos de dolor. Esta situación me es familiar porque yo mismo he sufrido las consecuencias de falsos testimonios cuando fui acusado de haber asustado a dos muchachos mucho más altos que yo, los cuales afirmaban que yo estaba tan borracho que casi no podía andar para continuar afirmando que arrastré a uno de ellos, que debería de pesar casi 100 kilos, unos 10 metros. Aunque el testimonio de las presuntas “víctimas” era inverosímil, los jueces, que eran políticos municipales, me condenaron. El denominador común que encuentro entre Lindberg y mi persona, es que ambos luchábamos contra graves delitos de violación mediante denuncias que lógicamente podían incomodar bastante a los responsables, gente muy peligrosa acostumbrada a delinquir impunemente gracias a usurpar instituciones del Estado.
Con esto dejo la duda de si Göran Lindberg era un horrible pervertido o un héroe víctima de un complot. En ese último caso, todo encajaría con las circunstancias del asesinato de la ministra sueca Anna Lindh o que la policía culpase del magnicidio de Olof Palme a un inocente según los testigos presenciales del crimen. Lo que parece estar claro, es que la prensa en general no le dio la más mínima oportunidad de dar credibilidad a sus negaciones de los hechos que se le imputaban, aunque no negaba el haber comprado sexo, un hecho que implica un acuerdo entre las partes y que no es delito en la mayoría de los países europeos, estando incluso regulado en países como Alemania, Holanda, Suiza, Grecia, etc. lo que permite a las trabajadoras sexuales cotizar en la seguridad Social.
Antes de detenerlo lo estaban investigando por violaciones y compra de sexo, pero no hay forma de saber si esta investigación era fruto de las enemistades que se ganó en el cuerpo de policía y entre políticos o, si realmente se trató de una investigación honesta ante un sádico pervertido que disfrutaba torturando mujeres.

En el año 2007 se publicó en la revista especializada en tecnología wired.com una noticia sobre un nuevo avance tecnológico que daría a los soldados un enorme poder: El Pentágono fusionará binoculares de próxima generación con cerebros de soldados.
La agencia militar gubernamental de investigación DARPA (Defense Advanced Research Projects Agency) dice que el cerebro de un soldado puede ser monitoreado en tiempo real, con un EEG captando «firmas neuronales» que indican la detección de un objetivo. Según esto, las fuerzas especiales de EE. UU. pronto tendrían una nueva, extraña y poderosa arma en su arsenal: un par de binoculares de alta tecnología 10 veces más poderosos que cualquier otro disponible en la actualidad, aumentado por un sistema de alerta que literalmente golpea la corteza prefrontal del usuario para advertir de amenazas furtivas detectadas por el subconsciente del soldado.
Esta nueva tecnología denominada «Los prismáticos de Luke» en honor a los prismáticos de ciencia ficción usados por Luke Skywalker en La Guerra de las Galaxias, se propone crear su propio hardware de ciencia ficción y DARPA, estimó que para el 2010 los soldados estarían operando con esta nueva tecnología que se basa en integrar tecnologías que han estado desarrollándose en los laboratorios durante años, y que van desde la óptica de campo plano y gran angular hasta el uso de electroencefalogramas avanzados, o EEG, para reconocer rápidamente las “firmas de ondas cerebrales” en la detección de objetivos antes de que la mente consciente se dé cuenta de una posible amenaza u objetivo.
Esta tecnología muestra hasta que punto se puede «leer» el cerebro humano. Algo que para muchos aún es ciencia ficción a pesar de tener formación universitaria. La razón es que los avances tecnológicos militares no suelen publicarse en los círculos académicos.
¿QUÉ ES EL ACOSO ORGANIZADO?
Es una forma de acoso derivada de los programas de represión social sin encarcelamiento ni enjuiciamiento COINTELPRO (del FBI en EE.UU. entre 1956 a 1971) y Zersetzung (empleado durante los años 70 y 80 por la Stasi en la antigua Alemania comunista y otros países del bloque soviético) en el que un grupo de personas vagamente asociadas que, de una manera organizada y sistemática, invaden todos los ámbitos de la vida de una persona buscando siempre la negación plausible.

Buscando la negación plausible se usan contra la víctima técnicas de guerra psicológica de forma metódica y sistemática para destruir completamente su credibilidad haciéndola parecer una enferma mental o mentirosa si ésta intenta comunicar lo que ocurre, amordazándola así psicológica, anímica, social, laboral y económicamente para que sea incapaz de defenderse eficazmente y consiguientemente poder prolongar el acoso durante toda su vida.
Se busca la destrucción de la víctima con falsos diagnósticos psiquiátricos, llevarla a caer en actitudes antisociales, tenderle trampas con montajes para poder encarcelarla o encerrarla en un psiquiátrico, que termine en la indigencia y/o se suicide.
Se cree que las víctimas son incluidas en listas negras, posiblemente ficheros policiales ilegales como los que relataban los miembros de la Guardia Civil que reclamaban derechos sindicales en los años 80 y 90.
MOTIVOS PARA CONVERTIRSE EN VÍCTIMA:
Los motivos para convertirse en víctima de acoso organizado suelen estar relacionados con la destrucción de su credibilidad o la venganza por haber entrado en conflicto con instituciones o personas relacionadas con el poder económico, político o social como pueden ser periodistas, activistas o testigos de delitos cometidos por dichas personas o instituciones.
Muchas víctimas desconocen por completo la motivación de su acoso y se especula con la posibilidad de que puedan ser simplemente parte de experimentos de métodos de tortura.
Otras personas se convierten en víctimas por servir de apoyo a otras víctimas o por el simple hecho de conocer lo que realmente les ocurre.
CAMPAÑA DE ODIO/CALUMNIA/DESPRESTIGIO CONTRA LA VÍCTIMA:
Se inicia una campaña de desprestigio mucho tiempo antes de que la víctima sea realmente acosada. Los acosadores retuercen y fabrican la realidad a través de dicha campaña, mostrando mentiras que pintan a la víctima como: pederasta, una persona con secretos oscuros ocultos, una persona altamente inestable que puede ser una amenaza para la sociedad, una prostituta, un drogadicto, acosador, maltratador, ladrón, terrorista, etc.
Se busca una degradación sistemática de la reputación, la imagen y el prestigio de la víctima en base a explotar rasgos personales y a información verdadera, verificable y desacreditadora junto con información falsa, creíble, irrefutable y, por lo tanto, también desacreditadora de tal forma que sus allegados o aquellos con los que entre en contacto sean incapaces de diferenciar la realidad de la mentira.
La campaña de desprestigio establece el escenario para que la víctima se aísle en casi todos los entornos de trabajo-social-familiar, una vez que comienza el acoso real. La campaña de difamación es fundamental para eliminar todos los recursos y medios de defensa de la víctima, antes de que comience el acoso real. Se lleva a cabo una ingeniería sistemática de fallas sociales y profesionales para socavar la autoconfianza de la víctima generándole dudas sobre perspectivas futuras.
Las personas cercanas a la familia, familiares, amigos, vecinos y compañeros de trabajo comienzan a ser “reclutados” por los acosadores, quienes se presentan como agentes de la ley, investigadores privados o grupos de ciudadanos afectados/preocupados previo estudio de sus personalidades y de las relaciones que mantienen con la víctima para adaptar el cómo, el cuándo y qué detalles de la campaña se les comunica y/o cómo se les coacciona. A otros les llegan rumores a través del boca a boca o de redes sociales.

Según la declaración a la televisión sueca de dos testigos presenciales del asesinato de Olof Palme, Leif Ljungqvist y Hans Johansson, el presunto homicida al que se le atribuye la muerte del líder socialdemócrata sueco es inocente. Ambos coinciden que el acusado, Stig Engström, no estaba en el lugar en el momento del crimen y que llegó más tarde, además la descripción física del acusado no coincide en absoluto con la del autor del disparo que acabó con la vida del primer ministro sueco. Los testigos también muestran su decepción por la forma sospechosa de reaccionar de la policía que acudió al lugar, la cual parecía desinteresada en perseguir al verdadero culpable según la impresión de quienes vivieron aquellos momentos.
La versión oficial que circula en los principales medios de comunicación, ha sido muy criticada por la falta de transparencia y la cantidad de irregularidades que, en opinión de muchos, han obstruido las investigaciones y la búsqueda de la verdad.
Los ciudadanos de Estocolmo han mostrado su decepción por el archivo definitivo de las investigaciones sobre el magnicidio de Olof Palme, llegando a calificar el proceso como un fiasco.
Aunque el magnicidio se realizó en la época de la Operación Cóndor y posteriores sucesos como el asesinato de la Ministra sueca de asuntos exteriores, Anna Lindh, y las falsas acusaciones contra Julian Assange que tuvieron lugar gracias a una sospechosa actuación por parte de ciertos miembros de la policía sueca, no se ha tomado en cuenta al parecer, en las investigaciones, la posible intervención de EEUU en estas horribles tragedias.
Imagen: Olof Palme en una manifestación contra la guerra de Vietnam.

Mucha gente cree que las armas más terroríficas que existen hoy en día son las armas nucleares. Pero lo cierto es que las armas biológicas son aún más peligrosas. Una de las razones es su capacidad mortífera que puede perdurar durante años en un radio que puede abarcar la totalidad del globo terrestre, mientras que las armas nucleares tienen un radio de acción limitado.
Se entiende por arma biológica a cualquier microorganismo que cause enfermedades y sea utilizado como arma de guerra. El uso de armas biológicas está documentado por primera vez en los textos hititas (1200-1500 a.C.) y narran como víctimas de peste fueron conducidas a tierras enemigas. Otros métodos también usados en la antigüedad fueron el envenenamiento de pozos y aguas tanto por griegos como romanos, envenenamiento de flechas con heces de enfermos, etc.
En la Edad Media se usó en repetidas ocasiones la técnica de catapultar cadáveres de enfermos a las ciudades o castillos asediados. El uso de armas biológicas con la clara intención de eliminar etnias se documenta en el siglo XVIII en una carta de un oficial inglés que expresa la voluntad de usar mantas contaminadas de viruela entre la población indígena para extirpar lo que este oficial denominó “execrable raza”.
Pero fue en el siglo XX cuando el uso de armas biológicas se generalizó y, dado su poder mortífero, se empezó a desarrollar formalmente por las Fuerzas Armadas de distintas potencias. El ejército alemán fue uno de los primeros en utilizar laboratorios para producir armas biológicas durante la primera guerra mundial, le siguieron Japón y en 1941 los Estados Unidos, el Reino Unido, y Canadá iniciaron un programa de desarrollo de Armas Biológicas como botulismo y carbunco bacteriano, a pesar de que el Protocolo de Ginebra de 1925 prohibió el uso de armas químicas y biológicas.
Sobre la pandemia de 1918 que recibió el nombre de “gripe española”, no deja de llamar la atención que su origen se localizase en un campamento militar en Kansas (EEUU) aunque según el investigador Santiago Mata “ya se habían detectado brotes muy virulentos de la gripe meses antes y no en Kansas, sino en casi todos, por no decir todos, los campamentos militares habilitados para el envío de soldados a Europa”. Y más sospechoso es que “el primer caso confirmado letal se dio el 22 de agosto de 1918 en Brest, el puerto francés por el que entraba la mitad de las tropas estadounidenses aliadas en la Primera Guerra Mundial”. Se trata de una pandemia en la que se estima que murieron entre 50 y 100 millones de personas.
Por supuesto que el hecho de que los primeros casos de enfermedad se detectasen exclusivamente en campamentos militares en el contexto de una guerra mundial, no determina necesariamente que la causa de la pandemia fuese un arma biológica, y afirmar que lo fuese merecería ser tachado de “teorías de la conspiración” pero no cabe duda de que la pandemia influyó decisivamente en el transcurso de la guerra que acabó con la capitulación alemana poco después. Mucha gente argumenta los daños colaterales para negar que sea posible el uso de estas armas, pero lo cierto es que los daños colaterales no suelen ser óbice para conseguir los objetivos militares, y la mejor prueba son los innumerables casos, como por ejemplo el desembarco de Normandía, donde a priori se contaba con numerosas bajas.
Dentro de esta línea, hay quien sostiene que el virus del SIDA se creó en laboratorios militares. Independientemente de la veracidad de las fuentes, es obvio que, por la forma selectiva de contagio, parece pensado para eliminar homosexuales y drogadictos.
En el siglo XXI la pandemia de la gripe porcina fue criticada por los grandes negocios de ciertas farmacéuticas en colaboración con expertos de la OMS. Y la actual pandemia del coronavirus ha dado lugar a muchas sospechas. En primer lugar, es descarada la reunión que tuvo lugar en septiembre de 2019 entre empresarios de alto nivel, banqueros y responsables de varios organismos financieros mundiales con el objeto de explorar como mitigar los efectos de una pandemia y promocionar lo privado frente a lo estatal, eso sí pangando todos. Es como si se les hubiese avisado dos meses antes del brote de la pandemia en China, y tuviesen consciencia de los efectos colaterales en el caso de producirse una acción militar. Aunque es pronto para decir quiénes van a sacar enormes beneficios de esta pandemia, cabe la sospecha de que ciertos banqueros y empresarios de alto nivel sean los beneficiarios. Pero el tiempo lo dirá.